¿Por qué apesta Occidente?

¡Joder! durante un breve periodo de tiempo olvidé que tenía un blog. No obstante, alguien me lo recordó esta tarde y empecé a hacerle un hueco en mi cabeza a la inspiración, para ver si se me ocurría cualquier parida neomarxista o crítica gafapasta que publicar aquí. Fue en ese momento, estando mi mente a la deriva, cuando oí una desagradable voz que profería enunciados incoherentes y de nula relevancia. Dicha voz pertenecía a Belén Esteban, paradigma de la incultura, uno de los cientos de miles de elementos sobre los que se refleja la estupidez humana. Fue mirándola como se me ocurrió analizar los problemas culturales y espirituales de la sociedad occidental de nuestra época.

¿Cuándo levantará cabeza Occidente?

Muchos de vosotros habréis oído expresiones como crisis de valores o individualismo patológico, expresiones cuyo uso se ha generalizado en estos últimos días, pero que, en la mayoría de las ocasiones, se utilizan con un sentido poco preciso, pues sabemos poco sobre su significado y desconocemos su sentido. En consecuencia, acaban convirtiéndose en palabras comodín o en una especie de cajón desastre donde metemos todos los problemas. Sabemos que estas expresiones hacen referencia a una patología de nuestra sociedad y que, como toda patología, tiene unos síntomas reconocibles: gente egoísta, narcisista y materialista, democracias afectadas por graves problemas de corrupción, vecinos que abandonan a sus familias para fugarse con el líder de una secta, altos índices de criminalidad, altos índices de suicidio y cada vez mas personas con antidepresivos. La mayoría de estos problemas parecen afectar de forma muy marcada al individuo: es uno el que roba, uno el que se suicida... pero también debemos tener en cuenta que son miles los que roban y miles los que se suicidan, es decir, el problema es general, por lo que debe tener una causa social subyacente y no debemos pensar que nace de la intención o la voluntad de los individuos. Todas nuestras almas tienen una parte única, privada e intima, pero es la sociedad la que nos ha dotado de un lenguaje, de una educación, de un imaginario social, de unos valores, de una ética y del conocimiento de unas leyes que en gran parte configuran lo que somos y acaban afectando a nuestra voluntad, deseos e intenciones. No debemos olvidar que el hombre es un animal político, un ser social. Por ello, aunque este problema del que hablamos se refleja en el ámbito individual, no debemos olvidar que tiene una causa social. Pero ¿cual puede ser esta causa? Como buenos pensadores, tenemos que conocer el problema,contextualizarlo y remontarnos a las causas históricas del mismo.

A veces tenemos la sensación de que todo se va al carajo.

Empecemos hablando de la crisis de valores. Desde un principio, todas las civilizaciones humanas han necesitado unos valores, unas ideas y unas creencias que forman parte de una cultura, para legitimar el orden social, las estructuras de poder y en definitiva, la mismísima existencia del ser humano. Empecemos con el cristianismo: era la palabra de Dios la que justificaba el orden político (teocracia), el orden social (sociedad estamental) y la existencia del ser humano (siervos de Dios que aspiran a la vida eterna). Pero el Antiguo Régimen y los valores que lo sustentaban entraron en crisis por la llegada de la Ilustración, que suponía unas nuevas formas de pensar y de ver el mundo contrarias al sistema que la Iglesia había mantenido durante siglos. La Crisis del Antiguo Régimen supuso un cambio en la forma de pensar de los hombres de Occidente: el pensamiento ilustrado se caracterizaba por la fe en la razón y por la confianza en el progreso científico y humano. Tal era el optimismo que generaba la fe en la ciencia y la razón, que los hombres de la época llegaron a pensar que el progreso científico culminaría con la sociedad perfecta. Hablamos del siglo XVIII y XIX, la época de la Revolución Industrial, la época de los nuevos adelantos técnicos y científicos, como la electricidad, que no sólo beneficiaban a unos pocos, sino que incidían en la felicidad de todo el pueblo. La gente tenía esperanza y fe en el progreso científico, había un núcleo de valores que unía a las personas y les daba un objetivo común.

Pero el desencanto llegó cuando el progreso científico reveló su faceta más horrible en las guerras mundiales del siglo XX. El mismo progreso que había dotado al pueblo de abundante comida, luz y calor, hizo su aparición en forma de gas venenoso, armas de repetición y de destrucción masiva. El ser humano se preguntaba ahora cómo aquella razón, en la que habían confiado con tanto fervor, podía haber provocado tal masacre. La gente perdió la confianza en aquel núcleo de valores que legitimaba el orden y que unía a la sociedad, por lo que éste perdió su efectividad como elemento cohesionador de todos los individuos. A esto debemos sumarle el fracaso de los movimientos revolucionarios (como son el comunismo), movimientos que pretendían la igualdad social, pero que acabaron legitimando las dictaduras totalitarias del siglo XX. Hay que tener en cuenta, que estos sucesos son relativamente recientes: las bombas atómicas fueron lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945 y el Muro de Berlín no cayó hasta 1989. Este fue el comienzo de la crisis de valores a la que hacíamos referencia, pues aun no hemos encontrado unos valores eficaces que sustituyan a aquella fe en la ciencia y la razón. Nos encontramos en un momento de crisis, un momento de cambio.

El hombre siempre buscará un elemento al que rendirle culto: Dios, la política o el dinero. Cada uno de estos elementos dará como resultado un tipo distinto de sociedad.

Hoy en día, en la época Posmoderna, aun no hemos sido capaces de encontrar, fomentar y creer en unos nuevos valores fuertes que nos unan y nos guíen de forma eficaz. En consecuencia, encontramos una sociedad fraccionada y dividida, en la que los individuos han perdido la esperanza, la ilusión, el sentimiento de unidad y el sentido de la vida. La gente parece estar perdida e intenta refugiarse en su mundo interior, en su persona, hasta el punto de llegar al egoísmo. Todo esto se refleja en diferentes actitudes, comportamientos y formas de percibir el mundo por parte de los individuos y también en ciertos ámbitos del sistema.

Grandes desastres del siglo XX y XXI

Por ejemplo, en los medios de comunicación es donde antes se manifiestan estos problemas con una absoluta claridad. Los informativos trivializan la información, no se preocupan por las causas de los sucesos, ni por su sentido, ni los investigan a fondo. Simplemente se limitan a dar una visión banal y muy parcial de los hechos. Los informativos nos dan la verdad a trozos y no se molestan ni siquiera en darles cohesión. Por ejemplo, se limitan a decir que unos piratas han asaltado un crucero en el Mediterráneo (¡LA NOTICIA ACABA AHÍ!), pero no hablan de la piratería en Somalia y de como el hambre afecta a la población de dicho país hasta el punto de hacer que hombres desesperados recurran a estos medios para ganarse la vida. Mucho menos van a comentar el papel de los países occidentales en dicho conflicto. La calidad de la información es pésima y los medios de comunicación lo compensan ofreciendo más cantidad, hasta crear en el receptor la sensación ficticia de estar saciado (y decimos ficticia porque en el fondo lo único que logran es frustrarnos). Los medios no inculcan a los receptores la necesidad de investigar y de saber más, por el contrario, crean mentes conformistas a nivel perceptivo y cognitivo, es por ello, que a veces oímos eso de la tele nos atonta. Por otro lado, otra tarea de los informativos es infundir el miedo: noticias de catástrofes, noticias apocalípticas, noticias de crímenes... ¿qué ganan con ello? Pues con ello consiguen mantener el orden. Si ya no hay unos valores que nos unan y legitimen el orden, es el miedo el que nos obliga a obedecer al poder y nos mantiene pegados al sistema. De tal forma, que antes los ciudadanos aceptaban unos valores que los mantenían unidos de forma voluntaria, pero ahora se crea un cerco de miedo impuesto, que no nos deja más alternativa que permanecer unidos y aceptar el orden de forma irremediable. Sería algo así:

Por último, no olvidemos otros problemas como el consumismo, el culto al cuerpo, el culto a la tecnología, perdida de la sensibilidad antes la injustucua y la crueldad, la supremacía de la imagen y las formas por encima del contenido, la muerte de las ideologías, los pésimos sistemas educativos que son reflejo de esta crisis, falta de aprecio hacia el esfuerzo (de ahí que en Tele 5 se muestre a Belén Esteban como un rol modélico), etc.

En definitiva, nuestra sociedad carece de unos valores que nos unan y por ello nos sentimos solos, perdidos y hacemos cosas tan raras.

6 comentarios:

  1. Me encanta encontrar blog soltando mierda acerca de la sociedad ^^ Pero creo que se te escapa algo sobre la crisis de valores: todos estos hechos históricos a los que haces referencia no desembocan directamente en una crisis de valores; esta resulta del desmoronamiento de las fundamentaciones morales, debido a dichos acontecimientos. ¿Solución? Renovar la ética desde la base.

    Me apunto a tu blog

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  2. ¿Que tiene de malo el culto al cuerpo? Fomentar el desarrollo de este desde una optica deportiva me parece lo mas sano que puede hacer un hombre.

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  3. El cuidado del cuerpo no tiene nada de malo, obviamente. Por eso uso la expresión "culto". Creo que hay que mantener el equilibrio entre el cuidado del cuerpo y el cuidado de la mente, si no, acabamos siendo una máquina más.

    Saludos!

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  4. cajón desastre http://www.fundeu.es/consulta/cajon-de-sastre-11611/

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